Foto / AP

(Agencias) Con una votación de 61 a 21 a favor que la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff fuese destituida de su mandato en dicho país. 

Tan sólo dos horas después de la votación, Michel Temer, el hasta ese momento presidente interino (antes vicepresidente y aliado de Rousseff, ahora enemigo declarado de ella) llegaba a esa misma sala recibiendo felicitaciones y palmadas en la espalda de sus correligionarios. Tras escuchar el himno, juró el cargo, firmó la toma de posesión y sin dejar de sonreír y de recibir nuevos abrazos y enhorabuenas, salió, ya erigido presidente brasileño con todas las letras, rumbo a China para participar en la cumbre del G-20. Fue una ceremonia apresurada. Pero la necesidad de llegar a esa cumbre lo aceleró todo.

“Brasil pasó por un período difícil de disputas políticas, pero la Constitución fue cumplida. Tras la separación de la presidenta, asume el vicepresidente, porque ese es su papel. No hay una crisis institucional”, aseguró Temer al diario O Globo esta mañana.

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